El 19 de agosto no es un día cualquiera: es la fecha en que la comunidad trans de todo el mundo levanta con orgullo un emblema que simboliza su identidad y su derecho a existir. Se trata de la Bandera Trans, diseñada en 1999 por la activista estadounidense Monica Helms, que desde entonces se convirtió en un faro de visibilidad y resistencia.
En Argentina, donde los avances legales como la Ley de Identidad de Género marcaron un antes y un después, la bandera celeste, rosa y blanca tiene un significado profundo. Para muchas personas trans, verla flamear en plazas, marchas o balcones es un recordatorio de que no están solas, de que su lucha tiene historia y futuro.
“La bandera trans es más que un símbolo, es nuestra voz, es decirle al mundo: existimos y tenemos derecho a vivir con dignidad”, comparte Sofía, activista trans de Córdoba.
El diseño simple y poderoso de la bandera no deja lugar a dudas:
Celeste: lo masculino.
Rosa: lo femenino.
Blanco: quienes están en transición, quienes no se identifican con un género o quienes se reconocen como no binaries.
Hoy, además de recordar su significado, es también un llamado a la acción. Porque si bien Argentina fue pionera en derechos para la comunidad trans, la realidad cotidiana sigue marcada por la discriminación, la falta de acceso al trabajo formal y la violencia estructural.
El Día de la Bandera Trans invita a celebrar, recordar y seguir luchando. Levantarla no solo es un gesto de orgullo, sino también un compromiso colectivo con una sociedad más justa, inclusiva y libre de prejuicios.