2 de abril: también hubo soldados LGBT+ en Malvinas, y es hora de decirlo

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Hoy es 2 de abril. Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas. Argentina recuerda a los más de 600 soldados que murieron en el conflicto de 1982 y a los miles que volvieron con heridas que muchos nunca terminaron de sanar.

Hay una parte de esa historia que casi nadie cuenta. Entre los conscriptos que pisaron las islas había jóvenes gay, bisexuales, con identidades diversas que el lenguaje de la época ni siquiera tenía palabras para nombrar. Fueron al frente igual. Muchos, en el closet.

El contexto más hostil que se pueda imaginar

Hay que entender lo que significaba ser gay en Argentina en 1982. No había democracia. La dictadura cívico-militar perseguía, detenía y torturaba a personas por su orientación sexual. Las personas gay, lesbianas y trans vivieron un verdadero calvario de persecución durante esos años, bajo la lupa constante de las fuerzas de seguridad.

Y en ese mismo contexto, muchos de esos jóvenes recibieron el llamado del servicio militar obligatorio y partieron a las islas. Sin poder decir quiénes eran. Sin poder despedirse de quien amaban de verdad. Cargando un secreto además del fusil.

Lo que pasó en las islas

Son poquísimos los textos, tanto académicos como literarios, que dan cuenta de que en territorio malvinense los prejuicios contra los gays iban de la mano de relaciones sexuales entre soldados, como ocurre en los ejércitos de todas las guerras.

Aún no se han relatado para la posteridad las historias de amor de las diversidades sexuales truncadas o fomentadas por la guerra: las de quienes despidieron a sus amores en los andenes sin que esos amores supieran que se iban a la guerra, las de quienes lloraron en silencio a los chicos de Malvinas, las cartas con amores diversos que nunca llegaron a destino.

Ese silencio no es casualidad. Es el mismo silencio que la dictadura impuso sobre todo lo que se apartara de la norma. Y es un silencio que todavía pesa.

La literatura fue más valiente que la historia

Ante la ausencia de testimonios directos — comprensible dado el terror de la época —, fue la literatura la que intentó explorar la relación entre Malvinas y las identidades sexuales disidentes. En Los pichiciegos (1982), Enrique Fogwill registró relaciones sexuales entre combatientes de diferentes bandos. En la nouvelle Juegos de playa (2008), Betina González describió un amorío entre un soldado y un joven gay. Y en Las islas (2012), Carlos Gamerro tomó las publicidades de época que caracterizaban a Thatcher con humor queer.

Incluso Jorge Luis Borges, en su poema “Juan López y John Ward” de 1982, rozó ese territorio: dos soldados de bandos opuestos que podrían haberse querido en otro mundo.

Su lugar en la memoria

Los soldados LGBT+ que estuvieron en Malvinas merecen el mismo reconocimiento que cualquier otro veterano. Fueron a las islas siendo lo que eran, aunque no pudieran decirlo.

Resistieron el frío, el hambre, los bombardeos y la violencia de sus propios superiores — y encima cargaron con el peso de una identidad que su propio país criminalizaba.

Hoy, 2 de abril, también son parte de esta fecha. También son parte de esta historia.

Y nosotros los nombramos.

Fabian S.
Fabian S.
CEO y fundador de cordobagay.com. Me interesa todo lo relacionado a recursos humanos, el turismo y el marketing digital. Soy Consultor de Social Media con experiencia en diversas plataformas de comunicación digital. Consultor / asesor en proyectos apuntados al segmento LGTBIQA+

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