Son 30.400: a 50 años del golpe, la memoria también es disidente

Fecha:

Hay una fecha que no necesita presentación. El 24 de marzo de 1976 una junta militar derrocó al gobierno constitucional, instaló el terror como política de Estado y durante siete años desapareció, torturó y asesinó a decenas de miles de personas. Hoy, cincuenta años después, Argentina vuelve a las calles para gritar lo que nunca debería necesitar repetirse: Nunca Más.

Pero hay una parte de esa historia que durante décadas fue invisible en el relato oficial. Una parte que el informe de la CONADEP no investigó con la profundidad que merecía. Una parte que recién en los últimos años empezó a nombrarse con todas las letras: lo que le pasó a la comunidad LGBT+ bajo el terrorismo de Estado.

Esa memoria también es nuestra. Y hoy, más que nunca, necesita ser dicha.

Antes del golpe, ya existía una primavera

Para entender lo que destruyó la dictadura, hay que saber qué había antes. En los años previos al 24 de marzo de 1976, la comunidad LGBT+ en Argentina vivía algo que los historiadores llaman una primavera. El grupo Nuestro Mundo y el Frente de Liberación Homosexual habían sido las primeras organizaciones LGBT+ del país. Con el gobierno de Cámpora en 1973, la represión policial a los homosexuales prácticamente desapareció. Gays, lesbianas y personas trans salían a la calle. Se organizaban. Se nombraban.

Duró poco.

Según el investigador Flavio Rapisardi, “antes de 1974 era reconocible la presencia de gays, lesbianas y trans en las calles”, pero a partir de las brigadas de la Triple A comenzaron a tomar medidas de precaución, aunque nada comparado con lo que vino después del 24 de marzo de 1976. El golpe no solo arrasó con los movimientos políticos y sindicales. La dictadura cívico-militar erradicó completamente la militancia LGBT+.  El primer impacto fue el exilio inmediato: referentes culturales y políticos de la diversidad como Néstor Perlongher, Héctor Anabitarte o Ricardo Lorenzo Sanz tuvieron que abandonar el país.

Los que se quedaron, vivieron con miedo.

“Tener tetas en 1976 era una camiseta contra la dictadura”

La persecución a la comunidad LGBT+ bajo el terrorismo de Estado no fue igual para todos. Para las personas trans y travestis, fue especialmente brutal. La represión y las prácticas de control sobre las personas trans eran mucho más fuertes que las ejercidas sobre gays y lesbianas, y a eso se sumaba que al cortar vínculos familiares tempranamente, nadie intervenía por ellas ni presentaba denuncias.

Ivanna Aguilera lo vivió en carne propia. Tenía 13 años en mayo de 1976, en Rosario. Estaba en la plaza con sus compañeras cuando llegó un camión del Ejército. Las subieron a las trompadas, las llevaron al Batallón 121 —donde funcionó un centro clandestino de detención— y allí fue apaleada, abusada sexualmente en grupo, picaneada en su genitalidad. Todo acompañado de insultos: “maricón, puto, degenerado, ustedes son una enfermedad, hay que matarlos de chiquitos”.

Hoy, Ivanna vive en Córdoba. Dice que ese genocidio sobre los cuerpos LGBT+ no terminó cuando llegó la democracia: “Antes íbamos a un hospital y nos llevaban detenidas, por edictos policiales que fueron creados por la dictadura.”

Valeria del Mar es otra sobreviviente. Estuvo secuestrada en el Pozo de Banfield. La insultaban por su identidad de género. Ella recuerda: “Tener tetas en 1976 era una camiseta contra la dictadura. Eso les daba mucha bronca y nos trataban mal.” Décadas después, todavía pelea para cobrar la reparación como víctima del terrorismo de Estado. “¿Qué testigos puedo tener si mis compañeras están todas muertas? Es una lucha y un trabajo de hormiga.”

Los 400 que el Nunca Más no nombró

Al informe Nunca Más se le reclama una omisión importante: invisibilizar la violencia dirigida a las personas de la diversidad sexual.

La cifra que comenzó a circular en las marchas del 24 de marzo tiene un origen preciso. En 1987, Carlos Jáuregui —fundador de la Comunidad Homosexual Argentina, la primera organización LGBT+ del país post-dictadura— publicó que el rabino Marshall Meyer, miembro de la CONADEP, le había confiado que en los archivos de la comisión figuraban alrededor de 400 personas LGBT+ desaparecidas. No habían sido secuestradas por ser gays, lesbianas o trans —muchas militaban en organizaciones políticas—, pero el tratamiento recibido en los centros clandestinos había sido especialmente sádico y violento.

Un informe elaborado entre 1980 y 1983 por Néstor Perlongher y la Comisión por los Derechos de la Gente Gay, de existencia clandestina, denunció la política de represión y dio cuenta de 15.000 personas detenidas entre 1976 y 1982 solamente en la cárcel de Devoto, usando edictos policiales para reprimir la homosexualidad y el travestismo.  Ese informe fue silenciado en Argentina pero circuló en medios de Brasil, Francia y Suecia.

De ahí nació la cifra 30.400: los 30.000 más los 400 de la comunidad LGBT+. No es una pretensión de exactitud matemática. Es una construcción política e histórica consensuada que permite dimensionar la sistematicidad del mecanismo represivo. Semrush Es una forma de decir: también estábamos ahí. También nos desaparecieron.

Córdoba: el terror llegó antes

En Córdoba, la represión empezó antes del golpe nacional. El llamado “Navarrazo” de febrero de 1974 —cuando el jefe de la Policía provincial se levantó contra el gobernador electo— anticipó la lógica de lo que vendría. En Córdoba el diseño represivo combinó centros clandestinos de detención y tortura con una red de puntos de apoyo en toda la provincia. cordobagay

Para la comunidad LGBT+ cordobesa, eso se tradujo en el cierre de los pocos espacios de encuentro que existían, en razias policiales, en el exilio forzado de referentes, en el silencio obligatorio de años. El Archivo Provincial de la Memoria —hoy en el Ex D2, el centro clandestino que funcionó en plena ciudad— guarda parte de esa historia. La otra parte está en la memoria de las sobrevivientes y en el trabajo de organizaciones que todavía hoy, como Devenir Diverse, siguen reconstruyendo lo que la dictadura intentó borrar.

Eugenio Talbot Wright, activista de la diversidad e hijo de un desaparecido, lo dice sin rodeos: “Desde los años 30 se vienen perpetrando ataques y persecuciones contra el colectivo LGBT+ desde el Estado. Corrió mucha sangre. Y seguimos enterrando compañeras.”

Hoy, a 50 años: el Nunca Más que nos contenga

Esta tarde Córdoba marcha. Desde Colón y Cañada hasta Tribunales Federales. La comunidad LGBT+ va a estar en esa columna, como estuvo en las anteriores, como estará en las que vengan.

Porque la memoria de las disidencias no pide permiso para ocupar ese espacio. Porque los 400 estaban entre los 30.400. Porque las compañeras trans que no llegaron a ver la democracia merecen ser nombradas. Porque los edictos policiales que criminalizaron la existencia gay y travesti sobrevivieron a la dictadura hasta 2008. Porque, como dijo Alejandro Modarelli, investigador que dedicó años a documentar esta historia: “Hoy el activismo LGBT+ está investigando esas desapariciones o muertes que fueron pasadas por alto en su momento. Es un esfuerzo necesario. Un Nunca Más que nos contenga.”

Porque para que realmente no se vuelva a implementar la persecución y la violencia sistemática, tiene que ser un Nunca Más para todos.

¡Nunca Más! 🏳️‍🌈🏳️‍⚧️✊

Fabian S.
Fabian S.
CEO y fundador de cordobagay.com. Me interesa todo lo relacionado a recursos humanos, el turismo y el marketing digital. Soy Consultor de Social Media con experiencia en diversas plataformas de comunicación digital. Consultor / asesor en proyectos apuntados al segmento LGTBIQA+

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor, ingrese su comentario!
Por favor, escriba aquí su nombre

Comparte este post!

Más para ver
no te lo pierdas