Cuero y BDSM en la cultura gay: identidad, poder y liberación masculina

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Es raro ver a alguien con un arnés de cuero en un bar hetero. En un bar gay, en cambio, siempre hay al menos uno. Y si alguna vez estuviste en la Tom Bar o en la fiesta Tuxxi, sabés de qué hablamos: pantalones de cuero, arneses, gorras, muñequeras. No es solo moda. Es otra cosa.

“Es parte de la cultura gay”, dice Daniel Saynt, fundador de NSFW, un club privado que ofrece experiencias educativas sobre relaciones y prácticas sexuales no convencionales.

Tom of Finland y el origen de todo

Para entender de dónde viene esto hay que hablar de Tom of Finland, el artista finlandés cuyas ilustraciones definieron una estética que todavía circula. “Cuando pienso en las primeras imágenes que me excitaron, pienso en Tom of Finland”, cuenta Saynt. “Sus imágenes capturaron un momento clave en el surgimiento de la cultura gay. Hombres uniformados, papis hipermasculinos vestidos de cuero. Capturó un lado fuerte y sensual de la sexualidad masculina e inspiró un movimiento global.”

Tom of Finland fue el punto de partida visual. Pero para muchos hombres gay y bisexuales, el cuero fue tomando una dimensión que excede lo estético: se volvió parte de la identidad queer, ligada al BDSM.

Ponerse el arnés por primera vez

Hay algo que pasa cuando te ponés tu primer arnés. La postura cambia. La actitud cambia. Es difícil de explicar hasta que te pasa.

Dominus Eros, dominador profesional, sanador tántrico y fundador de las comunidades Daddy Retreat y Pagans Paradise, lo describe así: “Cuando trabajo como dominante, usar este atuendo es como ponerme mi traje de superhéroe. Me hace sentir extremadamente poderoso y marca la pauta de inmediato.”

El cuero ayuda a entrar en un estado mental diferente, que para muchos es exactamente el punto del BDSM: no tanto el dolor o el placer en sí, sino la intensidad, la experiencia de estar en una posición de poder, sumisión o entrega total. El cuero es la llave que abre esa puerta.

Una historia personal

La primera vez que usé un arnés tenía 22 años. Entré a un bar clandestino de cuero en Boston con una pareja francesa mayor. Pantalones de cuero, tirantes, sombrero, esposas, botas. Mi tío gay había comprado todo ese equipo  en una venta de garaje y me lo regaló con un chiste: “Estoy demasiado viejo para estas cosas.”


Al principio me sentí un impostor. Pensé que me estaba apropiando de una identidad que no me pertenecía. Pero después de un par de horas rodeado de otros hombres vestidos de cuero, algo cambió. Era un aspecto de mi masculinidad que todavía no había explorado, y supe que mi mundo estaba a punto de cambiar. Y así fue.

Hoy no puedo ir a un bar gay sin llevar al menos un accesorio de cuero. A veces es un brazalete debajo de la camisa que nadie ve. Pero yo sé que está ahí. Y eso alcanza.

Más que sexo

“El olor, el tacto y la textura del cuero son simplemente asombrosos”, dice Dominus. “Estimulan una variedad de sentidos: el visual, el táctil, el mental.”

Saynt agrega otra capa: “Para muchos hombres, crecer siendo gay o bisexual conllevó muchas burlas. Acoso constante. Pero cuando te ponés algo de cuero, todo eso desaparece. Tomás el control.”

Ahí está el núcleo. El cuero no es solo una estética ni una señal de pertenencia al universo kink. Para muchos es catarsis. La posibilidad de reclamar algo que les fue negado durante años: poder, sensualidad, identidad sin disculpas.

¿Y vos? ¿Cuál es tu relación con el cuero?

Fabian S.
Fabian S.
CEO y fundador de cordobagay.com. Me interesa todo lo relacionado a recursos humanos, el turismo y el marketing digital. Soy Consultor de Social Media con experiencia en diversas plataformas de comunicación digital. Consultor / asesor en proyectos apuntados al segmento LGTBIQA+

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