Terminan, dicen que esta vez es definitivo, y semanas o meses después vuelven a estar juntos. La escena es conocida en cualquier grupo de amigos: alguien acompaña una ruptura dolorosa, escucha el relato completo, y poco después se entera de que la pareja volvió. Aunque en la charla cotidiana a estos vínculos se los suele etiquetar directamente como “tóxicos“, volver con un/una ex no significa automáticamente que haya una relación dañina de por medio. Lo que importa es qué pasó durante la separación, por qué decidieron volver y si los problemas que los llevaron a cortar realmente cambiaron.

Una encuesta de YouGov realizada en abril de 2026, sobre 1.125 adultos de Estados Unidos, encontró que el 42% dijo haber vivido alguna relación de idas y vueltas. En el mismo relevamiento, el 38% afirmó que en algún momento volvió con una expareja, aunque haya sido una sola vez, una pregunta distinta que mide algo más amplio que la anterior. Los datos corresponden a Estados Unidos y no describen necesariamente lo que pasa en la Argentina, pero el patrón que describen es reconocible en cualquier lado.
¿Por qué alguien vuelve incluso después de una ruptura difícil? Un estudio publicado en The Journal of Social Psychology, basado en 274 personas que habían atravesado relaciones intermitentes, identificó algunos de los motivos más frecuentes: sentimientos que seguían presentes, dudas sobre si la separación era realmente el final, y la idea de que una nueva oportunidad podía mejorar lo que no había funcionado antes. Ninguno de esos motivos garantiza que la relación, al retomarse, vaya a funcionar mejor que la vez anterior.

Para quienes acompañan desde afuera, las reconciliaciones repetidas también generan su propio desgaste. El amigo o la amiga que pasó noches escuchando los mismos problemas puede terminar temiendo que todo se repita otra vez. Aun así, la decisión de volver le pertenece a la pareja, no a quienes miran desde el costado.
La pregunta que realmente importa para quienes deciden retomar el vínculo no es “¿todavía nos queremos?”, sino algo más concreto: ¿qué va a ser distinto esta vez? Si ambas partes pueden hablar con claridad sobre lo que falló y sostener los cambios en el tiempo, volver puede ser una decisión pensada y no un simple impulso. Pero si reaparecen las mismas peleas, el control o el maltrato, cortar el ciclo definitivamente puede ser la forma más sana de cuidar el propio bienestar.



