Inkotshane: los “muchachos-esposa” del sur de África

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Cada tanto vuelve la frase: “ahora se puso de moda ser gay”. Se dice en una mesa familiar, en un programa de TV, en un posteo con miles de likes. La historia cuenta otra cosa, y una de las pruebas más sólidas viene del sur de África, donde existió una figura con nombre propio: el inkotshane.

Qué es un inkotshane

Inkotshane (en plural, izinkotshane) es un término de lenguas del sur de África como el zulú y el shangaan, y según algunas fuentes también del sesoto. Se traduce tradicionalmente como “muchacho-esposa” (boy-wife o male-wife en inglés).

Con ese nombre se conocía a los jóvenes que asumían un rol social asociado a lo femenino dentro de una relación con un hombre mayor o con un guerrero. Se encargaban de tareas del hogar, como cocinar o buscar agua, y mantenían con su compañero un vínculo afectivo y sexual. Por lo general la unión se disolvía cuando el joven llegaba a la adultez. Entonces pasaba a ocupar los roles tradicionales de un varón adulto, y en muchos casos se casaba con una mujer.

Según distintas fuentes, la práctica tiene antecedentes anteriores a la colonización. Pero su documentación más sólida, con testimonios directos, corresponde a los campamentos mineros de Sudáfrica.

Los matrimonios de mina

A fines del siglo XIX y durante buena parte del XX, miles de hombres trabajaban lejos de sus familias en las minas de oro y carbón, alojados en campamentos donde vivían solo varones. En ese contexto, los matrimonios de mina se volvieron una institución. Los historiadores sitúan su expansión a comienzos del siglo XX, con origen entre trabajadores migrantes de Mozambique y rápida difusión hacia otros pueblos. La práctica persistió con fuerza en las comunidades mineras hasta la década de 1970.

No eran un secreto a voces. Tenían un código de conducta propio, el Umteto ka Sokisi, atribuido a un hombre al que se consideraba el inventor de la práctica. Según los testimonios, algunas uniones incluían obligaciones mutuas y hasta gestos simbólicos que se parecían a los de un matrimonio. También registran afectos, celos y rupturas dolorosas, incluso episodios de violencia cuando un joven dejaba a su “marido” por otro. Para el vínculo sexual, los estudiosos del tema describen prácticas sin penetración, y los mineros las defendían como una forma aceptable de intimidad.

Lo que dicen los archivos

Durante décadas, buena parte de la antropología colonial miró para otro lado. El historiador Marc Epprecht sostiene que reconocer estos vínculos no le convenía a las compañías mineras ni a las autoridades coloniales. El silencio se rompió en los años 90 con los trabajos de T. Dunbar Moodie y Patrick Harries, basados en testimonios de los propios mineros. Después, Iain Edwards y Epprecht reunieron documentos de archivo, entre ellos un informe oficial sobre la supuesta “prevalencia del vicio contra natura” entre los trabajadores de las minas de Witwatersrand.

Ojo con los matices

Conviene no idealizar. Eran vínculos entre hombres de edades y posiciones muy distintas, atravesados por jerarquías y por las condiciones brutales del sistema minero. Los “muchachos” eran jóvenes, muchas veces adolescentes, y no se pueden equiparar a las relaciones entre adultos que hoy se reivindican. Tampoco equivalen a la identidad gay moderna: muchos mineros volvían a sus pueblos, se casaban con mujeres y negaban estos vínculos fuera de las minas. Los especialistas siguen discutiendo cuánto de esto fue deseo, cuánto necesidad y cuánto costumbre.

Justamente por eso la evidencia pesa. Si el deseo entre varones aparecía con nombres, reglas y roles específicos en una sociedad que supuestamente “no lo conocía”, difícil sostener que es un invento reciente.

Quién importó el prejuicio

Para la Fundación Heinrich Böll, la existencia de los inkotshane se usa en debates antropológicos y sociales para desmentir el mito de que la diversidad sexual es un concepto “occidental” o “antiafricano”. La historia suele ser al revés. Muchas de las leyes y normas que después criminalizaron estas prácticas llegaron con las administraciones coloniales europeas y con la expansión de la moral cristiana. Es decir, lo que se importó fue la condena, no el deseo.

No es una moda, y nunca lo fue

El inkotshane es un ejemplo entre muchos. Hay registros de relaciones entre personas del mismo sexo en la Antigua Grecia, en el Japón de los samuráis y en numerosas sociedades africanas, americanas y asiáticas. Lo que cambió con el tiempo fueron las palabras, las reglas y el grado de persecución.

Lo que sí es nuevo es la visibilidad. Hoy más personas pueden decir quiénes son sin esconderse, y eso a veces se confunde con “más gente gay”. No es que haya más: es que hay menos miedo.

Fuentes consultadas: Dunbar Moodie y Vivienne Ndatshe (Going for Gold), Patrick Harries, Marc Epprecht (Hungochani), Iain Edwards y Marc Epprecht (Working Class Homosexuality in South African History) y Heinrich-Böll-Stiftung.

Fabian S.
Fabian S.
CEO y fundador de cordobagay.com. Me interesa todo lo relacionado a recursos humanos, el turismo y el marketing digital. Soy Consultor de Social Media con experiencia en diversas plataformas de comunicación digital. Consultor / asesor en proyectos apuntados al segmento LGTBIQA+

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