Nina Reyna denunció públicamente que el personal de seguridad del boliche Perro Negro de Villa María le negó el ingreso a ella y a una amiga mientras dejaba pasar al resto de su grupo. Según el relato, el motivo fue su género.
Lo que pasó
La situación ocurrió un sábado a la noche. El grupo asistía a un cumpleaños y todas las personas estaban anotadas en lista. En la puerta, uno de los empleados de seguridad le indicó al otro que no las dejara entrar, con una referencia explícita a su género. Cuando pidieron explicaciones, la respuesta fue que “eran mayores de 25 años”.
El argumento no cierra. La propia denunciante señala que esa misma noche había personas notoriamente mayores adentro del local, algo documentado en coberturas de influencers que circularon en redes. Si el criterio era la edad, la aplicación fue al menos selectiva. Y si fue “selección”, el problema es igual de grave: en otro episodio previo, el mismo personal había permitido el ingreso de personas que generaron conflictos dentro del boliche, mientras ellas esperaban en la puerta sin haber dado ningún motivo.
No era la primera vez. Semanas antes, el mismo equipo de seguridad las había hecho esperar en lista hasta pasadas las 3 de la madrugada y luego les exigió pagar o retirarse, después de haberlas ignorado en el ingreso.
La denuncia y el silencio
La situación tiene un agravante: ante el reclamo enviado de forma privada a los propietarios por redes sociales, no hubo ninguna respuesta. Ese silencio, dice la denunciante, no solo habla del personal sino de quienes lo contratan y de lo que toleran.
El contexto suma una ironía difícil de ignorar: durante toda la temporada de verano, el local las contactó directamente a través de su RRPP para sumar gente a las listas. Cuando Perro Negro necesitaba llenar, las convocaron. Cuando ya no las necesitaron, las dejaron en la puerta.

Antecedentes: no es la primera vez
Este episodio no surge de la nada. En enero de 2025, el medio local Soy Villa Nueva informó que un grupo de cinco adolescentes —tres chicas y dos chicos— había denunciado discriminación en la puerta del mismo boliche. El personal de seguridad les impidió el ingreso sin dar justificativo, mientras otros grupos entraban sin inconvenientes. En esa misma nota, se señaló que la empresa de seguridad que opera el local estaría vinculada a un funcionario municipal, y que el boliche habilitaba listas de ingreso para el entorno del intendente Ignacio Tagni.
Un patrón de conducta no es un incidente aislado. La falta de respuesta institucional, tanto del local ante los reclamos privados como del municipio ante las denuncias previas, forma parte del problema.

