Pastor evangélico dijo que la ESI “homosexualiza” a los chicos. La ciencia dice otra cosa, y es contundente

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El pastor evangélico Gabriel Ballerini, que se presenta como especialista en bioética, viene circulando en medios como TN con una afirmación que la comunidad científica rechaza de forma unánime: que la Educación Sexual Integral (ESI) promueve una “homosexualización temprana” en la infancia. El argumento no es nuevo. Tampoco es verdadero. Pero su repetición en medios masivos tiene consecuencias reales sobre chicxs reales.

Lo que dice la ciencia

La orientación sexual no se enseña, no se contagia y no se induce. No hay ningún estudio científico serio que sostenga lo contrario. Las principales organizaciones de salud mental y sexología del mundo —incluyendo la Organización Mundial de la Salud, la Asociación Americana de Psicología y la Asociación Americana de Psiquiatría— son categóricas en este punto: la orientación sexual es una dimensión compleja de la persona que no puede ser modificada por la educación, la exposición a contenidos ni ningún factor externo.

Decirle a un niño que existen familias diversas no lo vuelve gay. Enseñarle a identificar su cuerpo no altera su orientación. Hablar de diversidad en el aula no transforma a nadie. Lo que sí transforma es el nivel de respeto y seguridad que un chico o una chica siente en ese espacio.

El daño real del discurso de Ballerini

Presentar la diversidad como una amenaza tiene consecuencias documentadas. Cuando figuras con acceso a medios masivos instalan el miedo a la “homosexualización“, lo que ocurre en las aulas es predecible: aumenta el estigma, se refuerza el acoso hacia chicos percibidos como diferentes y se deteriora la salud mental de adolescentes LGBT+ que ya de por sí enfrentan tasas significativamente más altas de ansiedad, depresión e ideación suicida que sus pares heterosexuales.
Este tipo de discurso no protege a la infancia. La pone en riesgo.

Qué hace realmente la ESI

La Educación Sexual Integral, lejos de adoctrinar, es una de las herramientas más eficaces con que cuenta el sistema educativo para proteger a los chicos. Enseña sobre el consentimiento y los límites corporales. Previene enfermedades de transmisión sexual. Reduce los embarazos no planificados en adolescentes. Y, fundamentalmente, es la principal vía por la que los niños pueden identificar y denunciar situaciones de abuso sexual: los estudios muestran consistentemente que los chicos que recibieron ESI tienen más herramientas para reconocer una situación de abuso y más probabilidades de contársela a un adulto de confianza.

Informar sobre la diversidad no le cambia la sexualidad a nadie. Lo que hace es construir aulas donde todos los chicos —sean cuales sean su identidad y su orientación— pueden aprender sin miedo y sin violencia.

El pánico moral como estrategia

Lo que Ballerini hace en TN tiene un nombre en sociología: pánico moral. Consiste en presentar un fenómeno social —en este caso, la educación en diversidad— como una amenaza desproporcionada a los valores y a la infancia, generando reacción emocional antes que análisis racional. Es una estrategia que tiene décadas de historia en la derecha religiosa global y que encontró en Argentina, en este momento político, un terreno fértil.

El problema no es que Ballerini tenga opiniones religiosas sobre la sexualidad. El problema es que esas opiniones, presentadas como expertise en bioética y difundidas en medios masivos sin el contrapeso de la evidencia científica, generan daño real en la vida de personas reales. Especialmente de las más jóvenes.

 

Matias D.
Matias D.
Diseñador gráfico neto. Amante de los video juegos y de las largas horas de caminata.

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