El sábado 27 de junio, mientras el colectivo LGBTIQ+ marchaba por el centro de Córdoba con los nombres de las víctimas como bandera, el ruido de fondo no era solo el de los bombos. En el Patio Olmos, punto de partida de la movilización, circulaban carteles con la imagen editada del legislador Gregorio Hernández Maqueda y un epígrafe que decía: “Pásame la rutina de skincare, reina”. La imagen ya corría por redes antes de que la marcha arrancara a las 16 h.
No fue una pelea de pareja. Pero casi.

El cruce que viene de lejos
El antecedente es del 22 de mayo. F. Bonino, director de Inclusión y Diversidad de la Legislatura cordobesa, desafió públicamente a Maqueda a debatir la “batalla cultural” en un streaming de Política Córdoba Verdad, con una frase que quedó dando vueltas: el legislador libertario “tiene una cosa irresuelta” con la diversidad.
Maqueda esperó hasta después de la marcha para responder. Y eligió el tono que eligió: “Disfruten este año porque cuando asumamos se les termina el curro”. La frase iba dirigida a los organizadores de la movilización y a Bonino. El mensaje era claro: las políticas de diversidad, para Maqueda, son un negocio.
Bonino no tardó en replicar:
“Yo lo invito a debatir cuando quiera, no le tengo miedo a la batalla cultural. La diversidad no es un curro, es un derecho.”
El contexto que importa
Mientras el cruce mediático se desarrollaba, la marcha tenía otro hilo. Las organizaciones recordaban que en 2025 se contabilizaron más de 227 crímenes de odio contra el colectivo LGBTIQ+ en Argentina —un crimen cada 38 horas— y exigían una Ley Antidiscriminatoria provincial que la Legislatura todavía no votó. La movilización cerró en la Plaza de los Cuatro Presidentes con un festival artístico y la lectura de un documento que nombró a cada víctima.
Quién estuvo donde tenía que estar
Más allá de los carteles editados, los golpes bajos y las acusaciones de “curro“, hay un dato que no se puede ignorar: el sábado 27, Bonino estuvo en la marcha. Caminó entre los allegados de las víctimas, acompañó a las organizaciones y puso su cargo institucional al servicio de un reclamo concreto. Mientras Maqueda elegía el ring virtual y el pronóstico electoral para 2027, el director de Diversidad eligió las calles.

Se puede disentir de su estilo o de sus formas. Pero en el tablero de la “batalla cultural” que tanto le gusta invocar al otro lado, la presencia física en una marcha de resistencia es un hecho político de peso. No es una declaración en frío ni una promesa de campaña. Es asumir el costo de estar al lado del que sufre cuando el otro grita “curro” desde la vereda de enfrente.
En esa diferencia, más allá de las banderas, se mide la coherencia.


