Prepararse para el sexo anal suele implicar un ritual que a muchos les come media hora o más: enema, agua, tiempo, y a veces algo de ansiedad de último momento. Polari Labs, un laboratorio con base en Londres, acaba de meterse de lleno en ese problema con A-Ball, un dispositivo que promete resolver la preparación íntima sin una gota de agua.
La propuesta es un hidrogel biocompatible con forma de esfera blanda que se inserta en el recto antes de la penetración. Ahí adentro, empuja el contenido rectal hacia una zona más profunda del intestino y arma una especie de barrera temporal que mantiene la zona limpia durante el acto. Nada de manipulación ni extracción manual: pasados unos minutos, el material se ablanda, se vuelve gelatinoso, se mezcla con las heces y sale solo en la próxima evacuación, como una deposición normal.

Está hecho con ingredientes pensados para ser compatibles con el cuerpo: gelatina y algas marinas, con un pH y un equilibrio salino calcados a los del organismo. Según la empresa, no interfiere con el uso de lubricantes y reduce el tiempo de preparación a unos 30 segundos, muy lejos de los 45 minutos que puede insumir una ducha tradicional. También están trabajando en una versión vegana.
Al no depender de agua corriente, ducha ni bidé, el producto se puede usar prácticamente en cualquier lado, algo que lo vuelve una opción cómoda para viajes o encuentros fuera de casa.

A-Ball no salió de la nada: se financió con una campaña de crowdfunding en Kickstarter que superó los 500 mil dólares, señal de que el problema que busca resolver le suena a bastante gente. Hoy ya está en etapa comercial activa, con un packaging minimalista y un mensaje directo: dejar atrás la ducha anal como único método posible.
Ahora bien, entre la promesa y el uso cotidiano siempre hay una distancia. Todavía falta ver cómo responde el cuerpo real de cada persona, más allá del laboratorio, y qué dicen las primeras reseñas de quienes ya lo estén probando.

