Esta es una historia real.
Los hechos y/o personajes de la siguiente columna, no son para nada ficticios.
A pedido de los sobrevivientes, los nombres han sido modificados.
Por respeto a sus corazones, todo lo demás se cuenta tal cual sucedió.
Epígrafe
‘ Que no vuelves por las noches, que no llegas a dormir
y no sabes que conozco, cómo te gusta vivir
Y una noche solo aparecerás del otro lado de esa puerta
queriendo suplicar que te perdone
Mirándome a los ojos, pidiendo una oportunidad
Y esa noche en la que tú volverás seré más fuerte
Pensando en por qué no puedo amarte ni quererte
Teniéndote a mi lado, solo voy a sufrir de más’
-La Delio Valdez (Inocente)
1
La Alegría Con Patas
Cuando conocí a Mateo, acababa de salir del closet con su familia y amigos. Se notaba que estaba conociendo su mejor versión, o su versión más verdadera. Un geminiano energético y alegre, en sus mejores años. El cursaba Turismo y le iba muy bien en la carrera. Nos conocimos gracias a las columnas. Siempre estaba ansioso por saber como continuaban, así que decidió agregarme y hacerse mi amigo, así iba a recibir los adelantos de las columnas en tiempo real. El tenía unos pocos años menos que yo, y nunca hubo tensión sexual entre nosotros, solo amistad. En ese momento, en el 2013 , era lo que necesitaba, alguien que me tire para arriba. y Mateo era la alegría con patas. En esa era, yo estaba muy enamorado de alguien en secreto, no se lo podía contar ni a mis propios amigos. Así que Mateo fue esa persona con la que podía hacer catarsis y nos quedábamos chateando hasta altas horas de la madrugada.
Él también tenía mucho que contarme. Al estar recién salido del closet y soltero, siempre tenía alguna que otra aventura, encuentro o cita para un storytime. Decía que yo era su guía espiritual. Me pedía consejos en todo momento, incluso hasta me ha llamado en medio de sus citas para asistencia emocional.
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Todo iba bien en su vida, hasta que comenzó a darse cuenta, que poco a poco, sus amigas comenzaron a alejarse. El tenía un grupo grande de amigas, mejores amigas de la secundaria, y desde que salió del closet, notó que algo cambió en ellas. Las invitaciones a las juntadas comenzaron a mermar y a veces, cuando trataba de contarles algo sobre su vida amorosa, algunas se lo festejaban, pero otras se sentían incómodas. Lo miraban raro, diferente o simplemente cambiaban de tema. Que le sucediera con su padre, eso lo entendía, lo podía superar. Pero una mejor amiga en la que siempre confió, eso le dolía. Él había estado siempre para ellas, escuchó sus problemas sentimentales por años y ahora que al fin él podía vivir su sexualidad en libertad, se sentía juzgado por sus propias amigas.
Pero decidió que eso no iba a afectarle, que no iba a cambiar por nadie y que si tenía que perder todo su grupo de amigas, lo iba a hacer. Con todo lo que le había costado ser el mismo, no iba a permitir que nadie le cortara las patas a su alegría.
2
Un Golpe Inocente
El tiempo pasó y no le costó hacer nuevos amigos. Como buen geminiano, Mateo siempre fue simpático y entrador. Se enfocó en sus estudios e hizo un nuevo grupo de amigos de la universidad. Pasaban días estudiando juntos, pasando de largo para preparar materias, a puro mate y criollitos en la Plaza España.
Era un grupo mixto, donde ninguno era gay, pero al menos todos sabían desde el principio que Mateo lo era. Y eso lo liberó de crear un vínculo de amistad más sincero con ellos.
La pasaba tan bien con ellos, que ni pensaba en encontrar el amor. Siempre que salían a bailar a esos lugares pakis de Nueva Córdoba, prefería pasar tiempo con sus amigos, bailar con ellos y en caso de algún flechazo, los agendaba para otro momento. Pero como era de esperarse, cuando menos buscás, el amor te golpea de frente, o en este caso de costado.
Esa noche uno de sus amigas organizó para ir al Comedor Universitario a ver a La Delio Valdez. Si bien el plan no le entusiasmaba mucho a Mateo, aceptó, sólo porque iban todos sus amigos. No sabía que esa noche iba a cambiar su vida para siempre.
Esto es algo que no me pudo explicar, pero toda esa noche estuvo sintiendo una presencia extraña, como si alguien lo observara. Por momentos giraba a ver y no había nadie. Eso me lo contó al día siguiente y siempre me quedé pensando en ese detalle de la anécdota. También me aclaró que no estaba borracho, ni drogado, que fue algo que sintió desde que llegó.
En medio de esa calurosa noche primaveral, necesitó salir al patio de la entrada a tomar aire. Mientras fumaba un pucho contra la pared, observaba a la gente de ahí, vio un grupo de amigos que se reían de un amigo porque se había mojado el jean y parecía orinado, otro grupo de amigos que se pusieron a bailar cumbia ahí en el patio y una pareja peleando en una parte apartados de la fiesta. Por un momento hizo contacto visual con el chico, se lo veía harto de pelear, solo estaba apoyado en la pared escuchando a su novia gritarle. Mateo le quitó la mirada rápidamente y volvió adentro con sus amigos.
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Regresó hasta donde estaban sus amigos, bien adelante, gritando los temas de la banda. El no se sabía casi ninguno, excepto ‘Inocente’ que comenzó sonar y la gente enloqueció. Sus amigas gritando la letra comenzaron a saltar y cantar. Todos comenzaron a saltar, ser armó un gran pogo. Y en el medio de la euforia y de los saltos, Mateo recibió un cabezazo de otro tipito que estaba a su lado. El chico le pidió perdón, tocándose la cabeza: ‘Perdón, estas bien?’. Mateo también se agarró la cabeza: ‘Si, jaja, todo bien’. Sonriendo con dolor. Cuando lo miró, se dio cuenta que era el chico que estaba peleando afuera y el dolor se desvaneció.
El chico se quedó bailando y saltando al lado de Mateo, parecía estar solo. Con la canción, todos comenzaron a bailar de la mano en pareja. El chico le convidó de su vaso de cerveza. ‘Querés?’, le preguntó. Mateo asintió y dijo: ‘Gracias’, mientras en su sistema se prendió su gaydar y comenzó a analizar todo. Aunque a esa altura, ya estaba mareado, acalorado y algo borracho. Se dio cuenta que le pasaban cosas, cuando se quedó observando el cuello transpirado y le pareció sexy. Como buen geminiano, se puso algo tímido y callado en ese momento de vulnerabilidad. ‘Esteban’ le gritó él, como si le hubiera leído la mente. ‘Mateo’ le devolvió. Y desde ese momento, esa noche, se quedaron juntos y hasta bailaron cumbia de la mano. Los amigos de Mateo estaban felices, nunca lo habían visto en una situación cuasi-romántica tan de cerca.
La noche terminó y tuvieron que volver caminando a sus casas, porque no había tantos taxis. Atravesaron toda la Ciudad Universitaria hasta Nueva Córdoba. Les dio tiempo de conversar y conocerse mejor. Entre la oscuridad del bosque y los árboles, Mateo solo pensaba en estamparlo contra algún árbol y comerlo a besos. Pero no se animó en ese momento. Sus amigos se fueron quedando en el camino, hasta que Esteban y Mateo quedaron solos. Estaban lo acompañó hasta la puerta de su depto. y con una simple sonrisa con miradita pícara de Mateo, aceptó subir a ‘tomar algo’. Pero en realidad, toda la noche habían acumulado sed de besarse, y esa noche se sacaron todas las ganas. Con dos grandes chichones en la cabeza.
A la mañana siguiente, desperté con un mensaje de Mateo que decía: ‘Pablo, creo que me enamoré!’
3
Después Estaba Esteban
De Esteban solo sabía fragmentos de su vida. Solo lo que me contaba Mateo. Era una persona muy independiente, vivía solo desde los 17. Su padre nunca superó que se haya cambiado de abogacía a psicología. Pero él en realidad siempre pensó que su enojo fue porque en ese entonces estaba saliendo con un hombre. Su mamá lo había abandonado cuando era chico, por lo que su abuela lo crió como si fuera un hijo.
Un pisciano de pura cepa y bisexual aparentemente, aunque el no usaba esa etiqueta. Solo estaba con personas que ‘le pintaba’. Si era verdad que sus últimas relaciones habían sido complicadas. No muchos entendían su fluidez sentimental, siempre que estuvo con un hombre, lo dejó por una mujer y viceversa. Como sucedió la noche que conoció a Mateo. Más adelante le confesó que lo estuvo observando toda esa noche. Pero de casualidad. Como cuando a veces mirás a tu alrededor y siempre está esa misma persona. Magnetismo puro. Confesó que un poco se enamoró de su paz. Lo vio ahí, apoyado contra la pared, fumando, con su pecho peludo transpirando y su mirada contemplativamente animada, observando todo. Esa noche su novia le estaba gritando porque nunca le contestaba el teléfono. Jura que lo vio a Mateo reírse de su situación, pero fue su imaginación porque en realidad Mateo, nunca se rio. Quizás en ese momento también le estaba leyendo la mente. Sintió esa mezcla de flechazo y de querer estar ahí con él, en lugar de escuchar los reclamos de su novia. Si bien esa noche peleó con su novia, recién terminó la relación unas semanas después, cuando ya estaba casi de novio con Mateo. Fue una red flag que Mateo decidió dejar pasar.
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Siempre había estado con gente más grande, Mateo fue el primero que estaba más cerca de su edad. En medio de ese pogo, lleno de gritos y sudor junto a Mateo, no había sentido una química sexual tan intoxicante en toda su vida. Siempre que tenían sexo, se sentía como si no pudieran parar. Solo un roce y volvían a empezar. Al principio pensaba que era porque estaban en la etapa de enamoramiento. Pero esta sensación de ‘todo lo que hace me parece sexual’ se mantuvo durante toda la relación. Y les era imposible escapar.
4
La Tormenta Después Del Arco Iris
Unos cuantos meses después, por esas casualidades de la vida, nos encontramos con Mateo en Buenos Aires. Y me contó como iba su relación con Esteban. Hacía unos meses estaban conviviendo, todo fue apresurado, porque Esteban había dejado su carrera y su padre le cortó todo tipo de ayuda. Si bien tenía un trabajo, decidieron mudarse juntos para ahorrar. Me dio la razón cuando lo miré juzgando la situación, a él también le pareció una mala idea.
Mateo apoyaba todas sus decisiones pero Esteban tenía una especie de nube negra que lo perseguía. Por momentos tenía bajones emocionales y dormía todo el día. Y en otros momentos, solo quería salir a fiestas, emborracharse (entre otras cosas) y descontrolarse. Al principio Mateo lo acompañaba, porque lo veía como un avance, estaba motivado para levantarse de su cama y salir a celebrar. Pero en realidad, había entrado en un círculo de autodestrucción. Después de la fiesta, volvía al bajón emocional, iba como zombie a trabajar y volvía a dormir durante toda la semana.
Le pregunté si lo seguía amando. Y me dijo que si, de lo contrario no cree que soportaría. Solo quería que esté bien y que vuelva a ser él mismo. Claramente no era el Esteban del que se había enamorado. Era otra persona, pero aún así, quería cuidarlo y protegerlo. Aunque un poco sentía que lo estaba maternando. Es por eso que estas vacaciones, un poco eran vacaciones de su relación también.
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Mateo había viajado a Buenos Aires con sus amigos, yo estaba en un viaje con mi familia. Ambos aprovechamos que era la Marcha del Orgullo ahí en Buenos Aires y fuimos. Nunca habíamos ido a una que no fuera en Córdoba. Y la pasamos espectacular.
A su regreso a Córdoba, la convivencia entre Mateo y Esteban se puso más complicada. Esteban comenzó a salir más, descuidar un poco su trabajo y salir de noche entre semana. Terminaba en afters y volvía tarde al depto. o directamente no volvía. Mateo pasaba noches en vela, tratando de averiguar dónde estaba, si le había pasado algo. Vivía con la sensación de que algo malo iba a pasar.
5
Me Marcho Marchito
Unos pocos meses después, vencía el contrato de alquiler y Mateo tenía pensado separarse. A pesar de todo, Esteban lo había ayudado a superar un montón de cosas, había sido su gran primer amor, habían pasado 3 años y medio juntos, y los primeros 2 habían sido hermosos. Lo seguía amando sin dudas, pero no podía seguir con él.
Esteban por supuesto no estaba de acuerdo con la separación. Sentía que Mateo era lo único estable en su vida y que sin él, su vida iba a terminar de desmoronarse. Mateo tomó esto como una especie de manipulación. Y en la pelea sacó una carta que Esteban no esperaba. Le habían contado que durante su viaje a Buenos Aires, le había sido infiel con una chica. Que la había llevado al depto y se había quedado 2 días.
Estaban estalló en llanto y confesó todo. Pero dijo que no estaba muy consciente de lo que hacía, fue durante un after donde habían consumido todos y todo terminó yéndose de las manos. Ni siquiera lo recuerda bien. Trató de culparlo con que lo había dejado solo y que no lo había invitado a Buenos Aires a ir con él.
La conversación terminó cuando Mateo le preguntó: Decime la verdad, por el amor que nos tuvimos ¿estuviste con alguien más durante la relación, además de con esta chica?
Esteban no pudo ser concreto, dio vueltas para explicarle que posiblemente sí y no lo recuerda o lo bloqueó en su mente. Mateo agarró sus cosas y se fue.
Cuando me contó todo esto, tuvimos un chat que duró toda una madrugada. Mateo no solo estaba tristísimo, sino también ahora tenía terror de algo más. Algo que temió toda su vida ahora podría hacerse realidad, haberse contagiado de HIV. Mateo y Estaban siempre tuvieron una vida sexual muy activa, y ahora que sabía que Esteban podría haber estado con muchas personas, consumiendo y en situaciones turbias, tenía que hacerse el test si o si. Porque el sexo de reconciliación era algo muy común entre ellos y aunque siempre se cuidaban, siguieron teniendo sexo hasta casi el final de lar relación. Mateo tenía que sacarse esa duda.
Traté de incentivarlo a que se haga el test lo antes posible, que pase lo que pase, era mejor saberlo cuanto antes. Además que en estos tiempos, por suerte, el tratamiento no es lo que era.
Unas semanas después recibió los resultados, y efectivamente tenía el virus. Fue un golpe duro emocionalmente, no pudo ni contárselo a sus amigos, ni a su familia. Hizo todos los trámites solo y comenzó el tratamiento de inmediato. Siempre admiré su entereza en ese momento. No se desmoronó, se hizo más fuerte.
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Cuando estuvo un poco mejor, decidió acceder a una juntada con Esteban. Esas inservibles juntadas para ‘cerrar la historia’. Lo debatimos como una semana antes, viendo los pros y contras. Además que todavía tenía cosas en el departamento. Su objetivo más que nada, era contarle a Esteban lo del HIV, sobre todo para que él también se haga el test. Cuando lo hizo, Esteban quedó pálido, sin saber qué decir. Fue una merienda tensa e intensa, pero no hubo gritos, solo tristeza, resignación y nudos en la garganta. Esteban insistió en pedirle perdón, pero quedaban diminutos al lado de todo lo que pasó. Le contó que había empezado a ir a terapia y a un psiquiatra. Retomó la relación con su familia y le estaban ayudando con eso. Mateo creyó que al verlo de nuevo todo el enojo y resentimiento iba a aflorar, pero no fue así. Seguía viendo en Esteban, a alguien a quien amó y mucho. Se despidieron con toda esa nostalgia anticipada de que, quizás, esa era la última vez que se iban a ver en su vida.
Epílogo
Mateo recibió una oportunidad de irse a Portugal por unos meses. Y era justo lo que necesitaba. Esteban recibió los resultados del test y también tenía el virus. Inmediatamente fue a pedirle perdón a Mateo, pero ya se había ido. Más allá de que Mateo lo perdonó años después, al que más le costó perdonarse fue a él mismo.
La historia de Mateo & Esteban continúa en el Vol.2 (muy pronto)
Escrito por Pablo M. Acuña



