Durante años se asumió que el sexo era casi un requisito indiscutido de la vida adulta joven. Los números más recientes vienen a discutir esa idea de raíz: solo el 45% de los jóvenes de 18 a 24 años considera que la actividad sexual es clave para una vida plena, frente al 78% de los adultos de entre 35 y 54 años.
El dato surge de la primera Encuesta de Intenciones Reproductivas realizada en Argentina por el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), un estudio que buscaba entender qué está pasando con la caída de la natalidad y terminó destapando algo mucho más amplio: un cambio generacional en cómo se piensa la sexualidad misma.
La brecha se profundiza todavía más si se mira por género. Entre lxs jóvenes de 18 a 24 años, la centralidad del sexo cae al 39% entre las mujeres, contra un 55% entre los varones. Traducido: seis de cada diez mujeres jóvenes no ubican al sexo entre lo más importante de su vida.

El estudio conecta este fenómeno con algo más estructural: una transformación más amplia en las formas de vincularse y de construir intimidad, cada vez más mediada por tecnologías digitales. No es que el deseo haya desaparecido, sino que las formas de conexión cambiaron de lugar, y eso no necesariamente termina en parejas estables ni convivencia a corto plazo.
La investigación lo enmarca dentro de la hipótesis de la “recesión sexual” en las generaciones más jóvenes, un concepto que ya venía trabajando la psicóloga Jean Twenge desde 2017: el contacto físico convive cada vez más con formas de gratificación digital, en un contexto donde la autonomía vital —mudarse solx, tener estabilidad económica, formar pareja— también se posterga.
Lo que queda planteado, más que una conclusión cerrada, es una pregunta que recién empieza a discutirse: si la sexualidad y la maternidad o paternidad dejaron de ser ejes centrales del proyecto de vida, ¿qué está ocupando ese lugar, y qué significa eso para las próximas décadas?
Fuente: Encuesta de Intenciones Reproductivas, UNFPA Argentina (2026).



