Un informe llamado Índice Hot dice que solo cuatro de cada diez argentinxs consultadxs tuvieron relaciones sexuales en el último mes. Más de la mitad, además, querría tener una vida sexual más activa. El dato circula desde septiembre, pero se volvió a discutir esta semana después de que la psicóloga y sexóloga Noelia Benedetto lo analizara en Cadena 3.
Según contó Benedetto, el relevamiento fue impulsado por una marca de preservativos junto con una consultora, y se difundió con una campaña durante septiembre, un mes cargado de fechas ligadas a la sexualidad y al arranque de la primavera. La especialista lo ubicó dentro de lo que desde hace más de diez años se llama “recesión sexual”, un fenómeno que se discute en todo el mundo.
Qué cuenta (y qué no) un número así
Benedetto no dijo que las cifras estén mal. Lo que marcó es que muchas encuestas arrancan de una idea muy acotada de sexo: algo compartido, presencial y con penetración. Quedan afuera otras prácticas, incluso cuando la muestra incluye distintas orientaciones sexuales. Para ella, la autoestimulación también es sexo, y se preguntó si un estudio vinculado a preservativos la tiene en cuenta.
Tampoco le convence que la conversación gire en torno a cuántas veces se tiene sexo. Explicó que una frecuencia alta no garantiza encuentros deseados: en su consultorio aparecen personas que acceden sin ganas, por sentirse en deuda, por creer que la otra persona lo necesita o por miedo a que las dejen o las reemplacen.

Lo que se mete en el medio
La sexóloga enumeró varios factores que pesan sobre el deseo: la calidad del sueño, el estrés, cómo se siente cada unx con su cuerpo y el reparto de las tareas domésticas y de cuidado, tanto por el trabajo que implican como por la carga mental. También el clima cotidiano de la pareja: si la semana pasa entre tensiones y charlas superficiales, no se puede esperar fuegos artificiales cuando por fin coinciden las agendas.
La economía entra en la cuenta. No es lo mismo trabajar media jornada que tener dos o tres trabajos, ni llegar a fin de mes que no llegar, ni tener tiempo para una cita que estar a cargo de hijxs o familiares mayores. A eso sumó una condición básica: tener un espacio con privacidad. Para ella, gran parte de la población no vive un escenario ideal, y las estadísticas que lo ignoran leen mal los datos.
Querer no siempre es poder
Benedetto separó las ganas de tener sexo de la posibilidad real de concretarlo, y recordó que se puede amar a alguien sin desearlo, o desearlo sin amarlo. Para sostener un vínculo propuso acordar momentos de calidad, que no tienen por qué terminar en sexo: sirven para acercarse, charlar y volver a conocerse.
El informe no detalla resultados por orientación sexual ni identidad de género, así que no hay forma de saber cómo se reflejan estas cifras en la comunidad LGBT+. Lo que sí queda planteado es una pregunta útil para cualquier persona: antes de medir cuánto, conviene preguntarse cómo, con quién y en qué condiciones.

