NapLab acaba de publicar un ranking con los 45 países más promiscuos del mundo y Latinoamérica tiene mucho para festejar —o para explicar, según con quién se hable. Brasil llegó al segundo puesto. Chile al cuarto. La región pegó fuerte.
Argentina, en cambio, no aparece. Ni en el podio, ni en el medio, ni al final. Sencillamente no está en el ranking.

Los números que importan
El ranking de NapLab cruzó variables como cantidad de parejas sexuales promedio, actitudes hacia el sexo casual, uso de aplicaciones de citas y apertura cultural frente a la sexualidad. Brasil no sorprende a nadie: su reputación viene de lejos y los datos la confirman. Chile, en cambio, es la sorpresa de la región —cuarto en el mundo es un resultado que no todo el mundo esperaba del país vecino.
Fuera de Latinoamérica, los primeros puestos los ocupan países del norte y centro de Europa, donde la educación sexual integral y la apertura cultural llevan décadas de ventaja.
El ranking de los primeros 10 son:
1° Australia
2° Brasil
3° Grecia
4° Chile
5° Nueva Zelanda
6° Alemania
7° Italia
8° Suiza
9° Tailandia
10° Sudáfrica
¿Y Argentina?
Acá es donde la nota se pone interesante. Argentina no se encuentra en el ranking, en términos de promiscuidad medida con estos indicadores, Argentina simplemente no destacó lo suficiente como para entrar al corte.
Lo que sí sabemos: somos el país de la región con mayor cantidad de psicoanalistas per cápita del mundo. Capaz estamos tan ocupados hablando de sexo en el diván que no nos queda tiempo para el resto.
¿Qué mide realmente este tipo de estudios?
Vale aclararlo: rankings como este tienen sesgos. Miden lo que la gente reporta, y la gente no siempre reporta con honestidad —sobre todo en sociedades donde la sexualidad todavía carga con estigma. Un país puede tener una cultura sexual muy activa y, al mismo tiempo, una baja disposición a hablar de eso en encuestas.
Para la comunidad LGBTIQ+, estos estudios tienen otra capa: la promiscuidad como concepto tiene una historia de patologización y estigma que afectó desproporcionadamente a gays y bisexuales. Lo que en héteros es un dato de color, en nuestra comunidad fue durante décadas un argumento para la discriminación. Hoy, hablar de sexualidad sin culpa es también un acto político.



