Hay un video que da vueltas hace semanas por redes y que agarró una segunda vida con el lanzamiento de “Confessions II”. Se ve a una Madonna todavía desconocida cantando “Everybody” en la Danceteria, el histórico boliche neoyorquino, meses antes de sacar su primer disco.
La grabación es del 16 de diciembre de 1982. Según el sitio oficial de la cantante, el single había salido un par de meses antes, el 6 de octubre, producido por Mark Kamins, que además de productor era DJ de la casa. La canción terminó formando parte de “Madonna“, el álbum debut que llegó recién en 1983. La descripción del propio video ubica esa noche de diciembre como la primera vez que Madonna cantó el tema en vivo.
La conexión con el presente no es casual. En “Confessions II”, Madonna vuelve a esa dirección: “Danceteria” es la quinta canción de la versión digital del disco, y según los créditos oficiales incluye una interpolación de “Walk on the Wild Side”, de Lou Reed.
La Danceteria no era un boliche gay en el sentido estricto, pero tampoco quedaba afuera de esa historia. La revista Vanity Fair la describió como un lugar de varios pisos, con shows, pista, proyecciones, desfiles, new wave y hip hop conviviendo bajo el mismo techo. La nota también menciona algo llamativo para la época: el lugar tenía una política informal para filtrar el ingreso de grupos armados solo por varones héteros, algo que ayudaba a sostener una mezcla más rara, más under, más cerca de las subculturas nocturnas que definieron esa Nueva York.
Esa idea de la pista como refugio aparece también en un texto de Alexandre Mortágua, que traza una línea desde el Warehouse de Chicago (cuna de la house music) hasta la Danceteria, pensando esos clubes y galpones como los lugares donde la comunidad LGBT+ armó sus propios códigos de pertenencia, lejos de la familia de origen. Mortágua lee “Confessions II” en esa clave: para él, Madonna no vuelve a la house music solo por nostalgia sonora, sino porque ahí encontró amigos, laburo y comunidad en un momento en que no tenía nada de eso.

