Cuando se habla de brechas educativas de género, casi siempre se deja afuera un dato que cambia bastante el panorama: los hombres gays son, de lejos, el grupo con mayor nivel educativo de Estados Unidos, muy por encima del promedio general.
El hallazgo viene de un estudio del sociólogo Joel Mittleman, de la Universidad de Notre Dame, publicado en American Sociological Review. Mientras el debate público suele resumirse en “las mujeres superan a los varones en la universidad” (hoy la proporción es 60/40), Mittleman muestra que esa foto está incompleta si no se suma la variable de la orientación sexual.
Los números son contundentes: el 52% de los hombres gays en Estados Unidos tiene título universitario, contra un 36% del promedio nacional para toda la población adulta. Y no termina ahí: el 6% de los hombres gays tiene un posgrado (maestría, doctorado o título profesional como abogacía o medicina), un 50% más que entre los hombres heterosexuales. El patrón se repite en los cuatro grupos étnico-raciales más grandes del país: blancos, afroamericanos, hispanos y asiáticos.

“Si a los hombres gays de Estados Unidos se los considerara como un país aparte, tendrían, por lejos, la tasa de graduación universitaria más alta del mundo”,
escribió Mittleman, superando incluso al actual líder global, Luxemburgo, que ronda el 46,6%.
¿Por qué pasa esto?
Mittleman conecta el hallazgo con lo que los investigadores Mark Hatzenbuehler (Harvard) y John Pachankis (Yale) bautizaron como la hipótesis del “mejor nene del mundo”, tomada del libro homónimo de Andrew Tobias. La idea central es que muchos varones gays responden a la homofobia social sobresaliendo en terrenos donde el esfuerzo se traduce directamente en reconocimiento.
Mittleman lo explica así: el rendimiento académico ofrece un terreno accesible de dominio propio. Ahí donde las reglas de la masculinidad tradicional pueden sentirse esquivas o directamente inalcanzables, las reglas de la escuela son más claras y manejables. Y cuando otros caminos para “demostrar” hombría quedan cerrados, perseguir carreras de prestigio a través del logro académico funciona como una forma de sostener ese lugar.
El otro lado de la moneda es más duro: el estudio muestra que las mujeres lesbianas atraviesan hoy desventajas académicas importantes, algo que contrasta con generaciones anteriores donde ocurría lo opuesto. Comparadas con mujeres heterosexuales, las lesbianas tienen el doble de probabilidad de haber abandonado la secundaria en algún momento, algo que Mittleman vincula con un trato discriminatorio por parte de docentes.
Para el investigador, el estudio deja una conclusión clara: sin datos sobre orientación sexual, cualquier análisis sobre género y educación queda incompleto, porque género y sexualidad están profundamente entrelazados y se moldean mutuamente a lo largo de la vida.
Fuente: Joel Mittleman, Universidad de Notre Dame, American Sociological Review.



