El orgasmo que no necesita contacto: lo que encontró la ciencia sobre el placer mental

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Hay personas que llegan al orgasmo sin que nadie las toque. Y lo más llamativo no es que suceda, sino que el cuerpo no encuentra ninguna diferencia con el orgasmo de siempre.

La primera evidencia científica sólida sobre esto la aportó un estudio de 1992 realizado en la Universidad de Rutgers por Beverly Whipple, Gina Ogden y Barry Komisaruk, publicado en la revista Archives of Sexual Behavior. Las participantes que aseguraban poder llegar al orgasmo únicamente a través de la imaginación, sin ningún estímulo físico. En laboratorio, les midieron presión arterial, frecuencia cardíaca, diámetro de pupila y umbral de dolor durante todo el proceso.

El orgasmo logrado por autoestimulación genital y el logrado solo con la imaginación generaron subas significativas en los mismos parámetros: presión sistólica, frecuencia cardíaca, diámetro de pupila y umbrales de dolor, todos por encima de los valores de reposo. En otras palabras: mismos números, mismas respuestas corporales, sin que hubiera contacto físico de por medio en uno de los dos casos.

Komisaruk siguió profundizando en el tema durante las décadas siguientes, esta vez con resonancias magnéticas funcionales. Según reconstruyó Rutgers Today, sus estudios de imágenes cerebrales mostraron que incluso la estimulación no genital puede activar las mismas regiones del cerebro asociadas al orgasmo, lo que ayudaría a explicar por qué algunas personas dicen llegar al clímax en sueños, o a partir de estimular el cuello, el pecho, la boca, e incluso la rodilla o el dedo gordo del pie.

Whipple lo resumió con una frase que se volvió referencia en el campo: el orgasmo no es solo un reflejo muscular, es una percepción del cerebro. Y hay otro dato que conecta directamente con esto: en los mismos estudios de imágenes cerebrales, se registró que los participantes podían tolerar hasta el doble de dolor mientras estaban en orgasmo, porque dolor y placer se procesan en zonas muy cercanas del cerebro.

La lectura que se puede sacar de todo esto es bastante concreta: si el orgasmo se arma en la cabeza, lo que pasa por la mente durante un encuentro sexual pesa tanto como lo que pasa con el cuerpo. Es una de las explicaciones posibles de por qué el estrés puede frenar todo aunque el estímulo físico sea el correcto: no es que el cuerpo esté fallando, es que la cabeza está en otro lado.

Fuentes: Whipple, B., Ogden, G. & Komisaruk, B.R. (1992). “Physiological correlates of imagery-induced orgasm in women”. Archives of Sexual Behavior, 21(2), 121-133. / Rutgers Today, “The Story of O”.
Fabian S.
Fabian S.
CEO y fundador de cordobagay.com. Me interesa todo lo relacionado a recursos humanos, el turismo y el marketing digital. Soy Consultor de Social Media con experiencia en diversas plataformas de comunicación digital. Consultor / asesor en proyectos apuntados al segmento LGTBIQA+

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