Hay un mito que circula hace siglos en el mundo del deporte: que tener sexo u orgasmos antes de competir “debilita” a los hombres y les baja el rendimiento físico. El propio Jake Paul lo repitió en 2023 después de perder un combate de boxeo contra Tommy Fury, cuando le echó la culpa de su derrota a una emisión nocturna que, según él, le había “drenado dos semanas de testosterona acumulada” y le dejó las piernas débiles arriba del ring.

La creencia tiene raíces bastante más viejas que Jake Paul. Ya en el siglo XVIII, el médico suizo Samuel Tissot sostenía que la masturbación agotaba al cuerpo de sustancias esenciales y lo debilitaba. Distintas culturas repitieron variantes de esa idea durante siglos, casi siempre atadas a ansiedades sobre la masculinidad y a la condena moral de la masturbación.
Qué hizo el nuevo estudio
Un equipo de investigadores españoles reclutó a 21 atletas universitarios varones, de entre 18 y 25 años, sin trastornos hormonales ni fisiológicos, y les pidió abstenerse de alcohol y drogas al menos 48 horas antes de las pruebas. Cada participante pasó por dos condiciones distintas en días separados, funcionando como su propio grupo de control:
Una jornada de abstinencia total de siete días, tras la cual completaron una serie de ejercicios físicos y análisis de sangre después de ver un video neutral.
Y otra jornada en la que vieron un video pornográfico de 15 minutos, se masturbaron hasta el orgasmo, y después pasaron por el mismo protocolo de ejercicios y estudios.
Los resultados: nada de debilidad, más bien lo contrario
Comparado con la abstinencia, masturbarse antes del ejercicio se tradujo en mejoras chicas pero estadísticamente significativas: mayor tiempo total de ejercicio y más fuerza de agarre. No hubo ningún efecto físico negativo: el ácido láctico, asociado a la fatiga muscular, no aumentó, y los participantes tampoco sintieron mayor esfuerzo percibido.
El dato que más contradice el mito es otro: los niveles de testosterona resultaron más altos después de masturbarse, no más bajos. También subió el cortisol, lo que según los investigadores refleja mayor activación fisiológica, no agotamiento.

¿Por qué pasaría esto?
La hipótesis de los investigadores es que la actividad sexual funciona como una especie de “cebado” del cuerpo: el orgasmo puede elevar la activación fisiológica y de las neuronas motoras, dejando al organismo mejor preparado para el esfuerzo físico. A eso se suma un componente psicológico: el orgasmo libera endorfinas y endocannabinoides, que bajan la percepción del dolor y pueden mejorar la motivación y la confianza a la hora de competir.
La única variable que queda en pie
Los propios autores dejan una salvedad interesante: si un atleta cree fuertemente que el sexo lo va a perjudicar, esa creencia por sí sola podría funcionar como profecía autocumplida y afectar su rendimiento, aunque no haya ninguna base fisiológica real detrás. Lo que sí queda bastante más claro después de este estudio es que, en términos biológicos, la masturbación no drena testosterona ni resta capacidad física.




