Una forma de protesta que nadie esperaba está recorriendo varias ciudades de Estados Unidos: activistas están pegando dildos en los patrulleros y estructuras del ICE (Immigration and Customs Enforcement), la agencia federal de inmigración. La acción se llama “Operation Dildo Blitz” y, aunque suena a chiste, viene cargada de intención política.
La táctica consiste en llevar grandes cantidades de juguetes sexuales a las manifestaciones, distribuirlos entre los participantes y usarlos de forma performática: algunos se arrojan, otros se adhieren directamente a los vehículos oficiales y las rejas de contención mediante ventosas. El resultado quedó documentado en videos que circularon masivamente en redes sociales, lo que aceleró la propagación de la acción a nuevas ciudades.
Registros de protestas en Minneapolis, Los Angeles y Portland muestran el alcance que tomó la iniciativa. No parece haber una coordinación nacional única detrás: según fuentes cercanas a la organización de los actos locales, la estrategia se fue replicando de forma descentralizada, impulsada por la viralización online y por la búsqueda de formas creativas de llamar la atención sobre las políticas migratorias del gobierno.

Humor como herramienta política
Quienes participan de las protestas no eligen los objetos al azar. En declaraciones publicadas por medios internacionales, los activistas vinculan el uso de juguetes sexuales con una estrategia deliberada de ironía y provocación, apuntando a las prácticas de detención que se le atribuyen al ICE y a las políticas migratorias en general.
Especialistas en comunicación política señalan que este tipo de acción entra en una tradición más larga de protestas performáticas, donde el humor y el absurdo funcionan como herramientas de movilización. En ese esquema, la viralización digital no es un efecto secundario: es parte central del plan.

Detenciones en Minneapolis
No todas las reacciones fueron de risas. En Minneapolis, la policía declaró ilegal una de las manifestaciones y detuvo a decenas de personas que se negaron a dispersarse. Desde el gabinete del sheriff aclararon que la intervención no se debió únicamente a los dildos, sino a un conjunto de factores que incluyeron disturbios y riesgos a la seguridad pública.
La acción sigue generando debate: para algunos es una forma legítima y efectiva de protesta; para otros, una distracción. Lo que nadie discute es que logró lo que buscaba: que todo el mundo hablara de ella.

