“Echarse un polvo”: la historia detrás de la frase más pícara del español

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Pocas expresiones del español son tan directas y, al mismo tiempo, tan misteriosas en su origen. “Echarse un polvo” es una de esas frases que todo el mundo usa pero casi nadie sabe de dónde viene. Y la respuesta, hay que decirlo, tiene bastante más glamour del que uno esperaría.

Todo empezó con el tabaco

La historia arranca en los salones de la alta sociedad europea, allá por los siglos XVIII y XIX. En esa época, entre las clases acomodadas estaba muy de moda el rapé: un tabaco finamente molido que se inhalaba por la nariz con cierto aire de distinción. Sí, como suena.

En reuniones y veladas sociales, era habitual que algunos caballeros se excusaran discretamente diciendo que iban a “echarse un polvo”, o sea, a darse su dosis de rapé en otra habitación. El problema —o la oportunidad, según se mire— es que esas escapadas discretas se convirtieron muy rápido en la tapadera perfecta para encuentros de otro tipo. Y así, casi sin que nadie lo planeara, la expresión empezó a adquirir un doble sentido que con el tiempo borró por completo el original.

Cuando llegó a los diccionarios

El primer registro oficial de la frase con sentido sexual aparece en 1906, en el Diccionario de argot español de Luis Besses, donde la define como sinónimo de “cohabitar”. Unos años después, en 1922, la Enciclopedia Espasa ya la recoge como un modismo de uso popular, lo que confirma que para entonces la expresión estaba plenamente instalada en el habla cotidiana.

Pero hay quien rastreó el rastro aún más atrás: en una obra teatral de 1874, la palabra “polvo” ya aparece usada con ese mismo sentido picaresco. O sea que el eufemismo tiene más historia de la que parece.

Las otras versiones

Como suele pasar con este tipo de expresiones, también hay teorías alternativas. Una de las más curiosas la conecta con aquella sentencia bíblica tan conocida: “polvo eres y en polvo te convertirás”, de la que algunos deducen que la vida humana nace precisamente del acto sexual. Ingeniosa, aunque bastante rebuscada.

Otras hipótesis apuntan al polvo de las calles sin pavimentar, o a los polvos de talco usados para la higiene íntima. Posible, aunque ninguna de estas versiones convence demasiado a los expertos.

El lenguaje y sus vueltas

Lo que más llama la atención de todo esto es el recorrido que hizo la frase: nació como una excusa social para consumir tabaco, se convirtió en eufemismo para encuentros clandestinos y terminó siendo una de las expresiones más reconocidas del español coloquial en toda Latinoamérica y España.

Es un buen recordatorio de algo que el idioma demuestra una y otra vez: las palabras más cargadas de significado casi nunca nacen donde uno imagina. El humor, el doble sentido y la complicidad popular hacen el resto.

Fabian S.
Fabian S.
CEO y fundador de cordobagay.com. Me interesa todo lo relacionado a recursos humanos, el turismo y el marketing digital. Soy Consultor de Social Media con experiencia en diversas plataformas de comunicación digital. Consultor / asesor en proyectos apuntados al segmento LGTBIQA+

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